SIERRA DEL BALUMBA

El yacimiento arqueológico de la Sierra del Balumba, catalogado como BIC (Bien de Interés Cultural) con categoría de zona arqueológica se registró en los años 70 como Cobatillas la Vieja. Se trata de un yacimiento de varias etapas que van desde el Bronce Medio (Mundo Argárico) hasta su abandono al final del mundo ibérico. Por lo tanto tuvo la presencia humana aproximadamente desde el 1800 a. C. hasta el siglo III a. C. con la llegada de los romanos al sureste. Su situación geográfica es privilegiada dada su altitud en relación a los valles del río Segura y rambla Salada, áreas altamente pobladas en esa  época final de la prehistoria. Esta zona además fue germen de los espacios colonizados por los pueblos mediterráneos de la antigüedad, cartagineses, griegos y romanos.

Los poblados prehistóricos se sitúan en las cumbres de los dos cerros que integran el conjunto, destacan el poblado agárico (bronce medio) que fue altamente saqueado a mitad del siglo XX, y el poblado íbero cuya densidad de restos es mayor y se encuentra en estudio.

Del mundo ibérico podemos destacar muchas facetas culturales entre ellas los ámbitos domésticos, religiosos y militares. Por suerte los trabajos de investigación que se iniciaron en los 70 y retomaron en 2019 han arrojado datos de estos tres horizontes, se ha podido excavar alguna vivienda, un elemento defensivo como es su torre, un santuario rupestre y parte de la necrópolis, aportando aspectos interesantes a cerca de su forma de vida y conexión con el territorio inmediato.

Por los materiales que han aparecido sabemos que existía una estrecha relación con los pueblos del mediterráneo que se adentraban a través de la desembocadura del Río Segura (Sinus Ilicitanus) hasta la actual Orihuela y los marjales que conformaban lo que ahora es nuestra huerta, griegos y cartagineses tenían por lo tanto bien en estima nuestro fortín.

Este mes de agosto se desarrolla ya su V Campaña de Excavación…. lo que no sabemos aún es si en el s. IV a. C. nuestros antepasados íberos paliaban el calor infernal igual que los intrépidos arqueólogos que estos días frecuentan su cima.

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